A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
S.·. F.·. U.·.
LA IMPORTANCIA DE SER MASON (Relato de mi iniciación)
Mis primeras inquietudes acerca de la masonería surgen de mis años de colegial. En aquellos tiempos me hice amigo de un viejo soldado francés, veterano de la última guerra mundial, cuyas abundantes experiencias y aventuras aguijonearon mi mente soñadora y febril de adolescente. Había sido piloto de la resistencia francesa, baqueano ilegal de fugitivos de guerra a través de los Pirineos hacia España, soldado en el norte de Africa contra el Zorro del Desierto, desertor al final de la guerra, ante el temor de ser enviado a nuevas batallas para defender las posesiones francesas en el sudeste asiático y, algo que ejerció en mí especial fascinación: había conocido y casi sido compañero de armas de Antoine de Saint Exupery, quien por entonces alimentaba mi sed de aventura y ensoñación a través de su inolvidable Principito.
Fué a Jean Pierre a quien escuché hablar por primera vez de la masonería, esa, casi secreta y extraña hermandad, tan antigua como misteriosa, que procuraba por el bien de la humanidad y que había sido muchas veces perseguida y criticada a través de los tiempos. Los principios rectores de esta orden que a la sazón interpreté, y que aún sigo considerando válidos, como creencia en un ser supremo, benevolencia y elevación de la espiritualidad siempre causaron mi admiración e interés.
Sin embargo a raiz de mi ingreso a la Universidad, me fuí de casa y deje de ver por mucho tiempo a mi amigo, tiempo durante el cual permanecieron aletargados estos intereses; despues me gradué de Ingeniero, inicié mi vida laboral la cual entonces me absorbió por completo. Años más tarde, despues de la muerte de mi amigo francés volví a encontrarme con un antiguo condiscípulo de colegio: Jesús Sánchez. Fué él quien me indujo realmente a ingresar a la orden, avivando mis antiguos sentimientos de simpatía, interés y porqué no de curiosidad por estos principios. El era mason desde hacía varios años.
Lo que en principio apenas era una idea peregrina, condimentada con elementos de duda, temor, inquietudes, se cristalizó con el tiempo cuando despues de contactos a través de mis hermanos Ahumada, Mardini y Arteta fuí aceptado en la orden.
De la ceremonia de iniciación recuerdo muchas cosas que ejercieron en mi mente contradictorios y marcados efectos: La abrumadora solemnidad del ritual, la sensación de indefensión y de pobreza ante la ausencia de la luz, caminar en tinieblas a traves de lugares desconocidos por sendas tortuosas y llenas de obstáculos, el ambiente húmedo y sofocante que se desprendía de las vetustas paredes de una edificación de la Cartagena colonial que completando todo este cuadro resulta, acaso coincidencialmente, apropiada; lo tenebroso, lúgubre y sobrecojedor de la cámara de reflexiones donde el espíritu se siente atraído hacia profundas meditaciones acerca de los contrastes entre la vida y la muerte, entre lo eterno y lo efímero, donde de manera cruda nos sentimos en contacto con la madre tierra, con el polvo del cual somos oriundos y al cual sin remedio, algún dia habremos de volver. El sentido de la vida, la búsqueda de la perfección moral, el camino de la verdad, son interrogantes que en nuestra limitada consciencia ejercen un peso abrumador y casi asfixiante.
Luego los tres viajes con sus correspondientes significados: la lucha por la liberación de los malos sentimientos, por la defensa de la verdad, la virtud y la justicia y los ideales masónicos; despues el juramento de fidelidad y la consagración. Todo esto me recordaba los rituales seguidos en las antiguas sociedades esotéricas como en los oráculos de Delfos o los templos de Isis y Osiris en Egipto donde los caminantes llegaban desde apartados lugares buscando iniciarse en los sagrados misterios e impulsados por la sed de conocimiento eran sometidos a duras pruebas las cuales muchas veces eran superiores a sus fuerzas y preparación.
Esta noche morirás!! Esas palabras con sabor apocalíptico pronunciadas muy de cerca en mis oidos me hicieron pensar en la gravedad del compromiso, en lo trascendental de la consagración. Un masón vuelve a nacer, muere a la vida profana y nace a la nueva vida que supone una elevación en la escala de la espiritualidad. El masón es un hombre que se ubica por ende en un peldaño superior a los demás hombres en la larga escala de la perfección moral. Es un artesano que, cincel, martillo y escuadra en mano se propone esculpir el templo de su alma partiendo de la roca bruta de su naturaleza material.
Al final, el momento quizás más importante que es la aparición de la luz. Resulta entre desconcertante y profundamente solemne ver las dos filas de caballeros que con la espada en alto se abren alrededor del iniciado como en una alegoría casi mitológica. Caballeros que bien podrían recordar los héroes de las cruzadas en la incesante búsqueda del Grial o aquellos misteriosos guardianes del Santo Sepulcro que constituyeran la orden del Temple.
Un sentimiento de grandeza y exaltación se apodera de mi mente. He sido aceptado!. Ahora soy un masón. Mi compromiso con la orden es en este momento irreversible. Como aprendiz masón debo esgrimir con talento, firmeza y voluntad las herramientas que, cual inspirado artesano, y teniendo en la mente siempre el triple compromiso para con Dios, con mis hermanos y conmigo mismo, me permitan construir dia a dia la bella obra de mi templo interior.
La convicción que por mis lecturas y referencias tengo acerca de la sociedad masónica me hace sentir confiado y seguro de pertenecer a una agrupación de hombres justos y dignos. Un grupo de hombres, de verdaderos hombres, que en el epicentro de una sociedad en decadencia como la actual, convulsionada y caótica, estremecida tan profundamente por esta crisis de valores y principios, se conviertan en faro espiritual que pueda conducirla a su propia redención. Un grupo de hermanos, que si bien es cierto, dada la premisa que dentro de lo humano no cabe lo perfecto, forman sí una sociedad que, guardando un sensato equilibrio entre las flaquezas y los mas puros ideales, pueda mantenerse impoluta y libre de las acechanzas que tan frecuentemente y a la altura de estos tiempos corrompen todos los estamentos de la sociedad profana.
Finalmente, y como apología de lo que a mi juicio debe ser el trabajo de los artesanos de la piedra bruta que se convertirá en preciada joya, quisiera dejarlos con este bello poema del poeta griego Constantin Cavafis:
ITACA
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones, ni a los cíclopes,
o al colérico Poseidón. Seres tales no hallarás en tu camino
si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción
que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante tí.
Pide que el camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
en que llegues -con qué placer y alegría-
a lugares nunca antes vistos.
Detente en emporios de Fenicia
y hazte de hermosas mercancías,
y nácar y coral y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias,
a aprender, a aprender de sus sabios,
ten siempre a Itaca en tu pensamiento,
tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje,
y mejor que dure muchos años
y atracar ya viejo en la isla,
enriquecido de todo cuanto aprendiste en el camino
sin esperar nunca que Itaca te enriqueciera.
Itaca te concedió tan maravilloso viaje,
sin ella no habrías emprendido nunca el camino
más no tiene ya nada que ofrecerte.
Aunque la encuentres pobre, Itaca nunca te ha engañado.
Sabio y rico así como te haz vuelto, con tantas experiencias
entenderás ya qué significan los Itacas
Constantin Cavafis
Nicodemus Fernández Rozo
Ap.·. M.·. Muy Resp.·. Y Ben.·. Log.·. Col.·. No. 61