LA CONDICION HUMANA
Estoy acá para compartir con ustedes, queridos hermanos, especialmente con mis hermanos aprendices un tema que no lo enseña la educación universitaria y nos toca aprenderlo en la universidad de la vida. Sin embargo, hoy, pertenecemos a una institución donde adquirimos ese conocimiento por experiencia propia y donde el tiempo para alcanzarlo está en relación directa con nuestros trabajos. Esta es La Masonería.
Salimos de la Universidad convencidos que con las derivadas e integrales, con los teoremas de Arrow, con las covariantes de Sharpe y Markowitz, con lo determinístico y estocástico estamos listos; que el mundo es nuestro; que todo va a ser fácil. Pero estamos muy equivocados, y la vida sin avisar y sin compasión alguna, se encarga de probarlo una… y otra vez.
Es que no nos enseñan que nada es tan complejo y tan difícil de entender como lo es LA CONDICION HUMANA. Nadie nos ha dicho, que hacer un esfuerzo por entenderla es más importante para sobrevivir que todos esos modelitos sofisticados de los que tan orgulloso nos sentimos.
No sabemos, por ejemplo, que un señor llamado Epicuro, hace mas de 2000 años, había entendido que todo nuestro sistema, que convirtió el dinero en un bien y no simplemente en un medio de transacción, es un lamentable error, porque el placer está en la restricción y no en el exceso. El definía el bienestar como la ausencia de dolor “solo causa placer aquello cuya ausencia causa dolor”.
Conocer también la condición humana del Tao: “Demasiado color ciega el ojo, demasiado ruido ensordece el oído, demasiado jugar dispersa la mente” y otras menos poéticas como la que describió Hobbes en su justificación del estado de Leviatán “la condición natural del hombre es la guerra y la destrucción es originada en la competencia, la desconfianza y la gloria”. La realidad nos muestra que todos en el fondo somos inquisidores, dueños de la verdad. No es bonito, pero es bueno saberlo, al menos es útil.
Hume más optimista decía: “Nos enseñan todo sobre las razones y nada sobre las pasiones. Y pretenden que así salga uno a enfrentar un mundo donde las pasiones, sean éstas buenas o malas, arrasan con las razones.
Entender la condición humana nos hace mas inteligente, mas capaces de enfrentar el mundo y aún mas importante, mas tolerante, que es un concepto olvidado.
Quién si sabía de la condición humana era John Stewart Mill, tenía terror de ese nefasto personaje llamado “todo el mundo dice”, que nos permite destruir con cobardía y asesinar a mansalva. Mientras más desconfianza tenga un hombre en su propio juicio mas creerá en la infalibilidad de “todo el mundo dice”. Le repugnaba ese estado normal de los seres humanos de pisotear, aplastar, dar codazos y pisarse unos a otros, como una forma de vida social. Sin embargo, mirando la realidad afirmaba “Es preferible que las energías del género humano se mantengan en actividad mediante el forcejeo por la riqueza y no por la guerra, hasta que unas inteligencias superiores consigan educar a los demás en cosas mejores; mientras las almas sean toscas necesitarán estímulos toscos… y habrá que dárselos. La única parte de la conducta por la que cada uno de nosotros es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás…… pero… SOBRE SI MISMO, SOBRE SU ESPIRITU, EL INDIVIDUO ES SOBERANO, ES LIBRE”.
No nos enseñan que las contradicciones no son malas, que no son sujetos de odios y polarizaciones. Hegel denominaba Dialéctica a la conciliación de opiniones encontradas y la consideraba “la gran fuerza transformadora”. Si una idea, decía Hegel, suscita una idea opuesta, es porque la realidad que la primera representa, exige la realidad contraria. Por el desconocimiento de la dialéctica es que nos tratamos como nos tratamos, nos percibimos perfectos aún en nuestros errores, consideramos que el problema está en los demás.
Hay que creer en lo que le venga en gana a uno mismo. No en prejuicios. Prejuicio, es aquello que juzga a priori, aquello tan humano de repetir, para evitar el esfuerzo de pensar y de entender. Prejuicio, es aquello preestablecido, aquello a lo cual no le cabe raciocinio alguno. Los prejuicios, no transforman, y en cambio… destruyen. “Las suposiciones determinan todo”, afirmaba el emperador Marco Aurelio para ilustrar acerca del peligro de los prejuicios.
Seamos autónomos y definamos en que creer y en que no creer. Creer en la dialéctica y creer en el infinito poder de las ideas. El senador Carlos Gaviria definió como una característica muy colombiana, la “heteronomía”; ese cobarde, mediocre y cómodo placer de que los demás decidan por nosotros”. No podemos convertirnos en eso que con desprecio Cannetti llamaba “Masa”, y que también le dicen “opinión pública”.
Queridos hermanos, lo que quería compartir, especialmente con mis hermanos aprendices es que en materia de conocimiento, aún no hemos aprendido nada. Apenas comenzamos. Tan solo quería expresar unos criterios y que veamos La Masonería como el taller donde vamos a estudiar un tema que nos va a tomar una parte importante de nuestras vidas.
Joaquín Enrique Martelo Rodríguez
Compañero Masón
Muy Respetable y benemérita Logia Colombia Nº 61