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Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia
Con sede en Cartagena de Indias

 

 

SOLDADOS DE LA DEMOCRACIA

 

“La magnitud de la tragedia humana cuando la guerra tocaba a su fin escapa a la imaginación de todo el que no la viviere en persona y más aún a la de los que han crecido en la sociedad desmilitarizada de la era que siguió a la guerra fría” (Anthony Beevor, de su libro Berlin, La caída: 1945).

 

QQ.·.HH.·.

 

En estos últimos días nos vimos envueltos del entorno político que regirá los destinos del país, las noticias radiales y televisivas enfocan principalmente las victorias y derrotas políticas de los diferentes partidos y hacen un análisis parcializado de los deseos del pueblo colombiano. Pero no quiero, ni voy a hacer un análisis político de los hechos acontecidos, quiero resaltar la labor de los verdaderos héroes que ocasionan que cada uno de vosotros pudiera dirigirse a la urna y votar por el candidato o partido de su predilección: el esfuerzo de los soldados para garantizar el libre sufragio.  

Este joven hermano tuvo la oportunidad de participar en el despliegue de las fuerzas que custodiaron las elecciones. Desde un pequeño y humilde caserío ubicado en el centro del departamento de Sucre junto a 14 soldados, distanciados de la tecnología y el smog, verificamos que cada habitante de ese caserío sintiera la seguridad y tranquilidad para sufragar.

No quiero resaltar mi travesía, ni aburrirlos con una historia digna de un capítulo de Indiana Jones. Quiero resaltar el esfuerzo que hace ese grupo de jóvenes que lleva más de seis meses recorriendo diferentes municipios, corregimientos y caseríos de los departamentos. 

Esos jóvenes de 18 a 22 años han madurado y se han hecho adultos entre las incomodidades y la adrenalina de una batalla. Han caminado incansablemente bajo el abrasador sol que curte sus pieles marcadas por los latigazos de matorrales y bosques. Patrullan para custodiar y proteger torres eléctricas, oleoductos, poblaciones o para atacar los irreparables daños de la subversión. Duermen en el suelo de la cima de una colina, entre hojas, sobre piedras, como hijos de la propia naturaleza que no se apiada de ellos, a la merced de sus innumerables insectos y animales.

Bajo la luna, bajo la lluvia se deslizan en la oscuridad buscando donde descansar para no caer en la rutina, ya que “la rutina es la muerte que camina[1]. Para ellos es una bendición llegar a un jagüey, ya que allí  al lado de vacas y burros en el agua verde llena de hojas y sarapicos, toman agua, cocinan y se bañan (ya que duran hasta 8 días sin bañarse). Las botas corroídas del duro camino y el uniforme testigo de los días y meses en el área son muestra del duro vivir que los acompaña. Para ellos las horas y los días trascurren a la víspera de encontrar al enemigo, nuestro enemigo. Añoran sus madres, esposas e hijos que son el reconfortante aliento al finalizar el día, los vagos recuerdos y los mejores momentos.

Nuestros soldados  no cuentan los días para terminar de prestar su servicio, al contrario, en los días de descanso claman por volver a sentir la adrenalina y el sudor sobre su frente, les gusta lo que hacen, se sienten orgullosos de lo que son, valientes hombres luchando por su patria. Cuentan entre risas las anécdotas de como la balas zumbaban a sus lados en el calor del combate, como el tastaseo de la ametralladora rompía el silencio confortante del campo, gritándole al enemigo ¡cobardes!, orgullosos muestran sus heridas y con ojos empañados cuentan la historia del compañero desaparecido.

Algún día acabará la guerra, y como los soldados de todas las guerras terminaran perdidos en cementerios o en las ciudades olvidados, porque los que vivimos la guerra desde el televisor no nos damos cuenta que son nuestros jóvenes, esos soldados quienes valoran el precio de nuestra disparatada democracia, porque ellos sacrificándose alejados de sus familias y de una vida normal, entregan todo para que Colombia siga adelante, más allá de los regimenes, partidos, ideología, sectarismos, de un u otro dirigente, son ellos los que velan por ti, por ustedes, por nosotros los ciudadanos colombianos, por nuestra querida y hermosa nación.

Gary Gonzalez Nuñez

M.·.M.·.

 


 

[1] Frase utilizada por el comandante de su batallón